PT y PVEM mantienen pluris en ambas cámaras

Morena sepulta su promesa de austeridad legislativa y mantiene los 200 plurinominales para no perder la mayoría calificada ante la rebelión de sus aliados.

Redacción Informante

La tan pregonada «purificación» del sistema político mexicano ha chocado de frente con la cruda realidad del pragmatismo numérico. Este 5 de febrero de 2026, lo que debía ser una reforma electoral histórica para reducir el costo de la democracia se transformó en una capitulación política: Morena ha decidido mantener intactos los 200 escaños plurinominales en la Cámara de Diputados y los 32 del Senado.

El anuncio realizado por el coordinador de la bancada guinda, Ricardo Monreal, no es un gesto de pluralidad, sino un pago de piso. Sin los votos del Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), el bloque oficialista carece de las dos terceras partes necesarias para cualquier cambio constitucional.

Los aliados, conscientes de que su supervivencia depende casi exclusivamente de estas listas, lanzaron una advertencia clara: o se mantienen sus privilegios o la reforma nace muerta. El resultado es una iniciativa «descafeinada» que conserva precisamente aquello que el movimiento calificaba como «parásitos legislativos» hasta hace apenas unos meses.

Puntos clave de la claudicación:

  • Adiós a la austeridad: La promesa de ahorrar miles de millones de pesos mediante la reducción del Congreso ha quedado en el olvido para priorizar el control político.
  • Privilegio de cúpulas: Al mantener los 200 «pluris», se asegura que las dirigencias del PT y PVEM sigan repartiendo curules a discreción, sin necesidad de que sus candidatos pidan el voto en las calles.
  • Negociación bajo la mesa: Se reporta que este acuerdo incluye pactos para las gubernaturas de 2027, evidenciando que la reforma electoral no busca mejorar el sistema, sino asegurar el reparto de poder futuro.

La presidenta Claudia Sheinbaum recibirá una reforma que, lejos de transformar, ratifica el status quo de los partidos satélite. Al final, la retórica del «pueblo manda» se detiene justo donde empiezan los intereses de los socios que garantizan la mayoría calificada. La democracia mexicana seguirá siendo costosa y dependiente de cuotas, porque en la política de la «Cuarta Transformación», la aritmética del poder siempre pesará más que la coherencia del discurso.


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